03 feb

Terapeuta: ¿Muy bien, me puedes explicar un poco de que va el asunto este?

Clienta: El trabajo, salvo un par de meses al año que quizá que esté más tranquila, viene a golpes, todo el mundo quiere las cosas para ya, ya mismo, y la mayoría de veces se quedan las cosas a medio hacer, por el horario, no te da tiempo a acabarlo todo porque no deja de entrar gente y no puedes solucionar cosas, y es bastante habitual que, a media noche, me despierte pensando: “ostras, que no he llamado a no sé quien para decirle como hemos quedado en el hotel; ostras, que no he llamado a no sé quien para pasarle por fax el presupuesto”, o cosas así, y claro, me percato que estoy toda la noche trabajando. Y pienso que ese debe ser el motivo por el que yo, el 80 o el 90 por ciento de los días, cuando suena el despertador es como si me acabara de dormir, y llevo más de 8 o 9 horas en la cama, y estoy cansadísima.

T:  Entonces, eso te pasa siempre, es decir, te pasa en cualquier momento del año o especialmente en los momentos del año en que hay más trabajo, porque me has dicho que hay dos meses al año que no hay problema…

C: No hay problema porque es diferente, es diferente. Te piden cosas pero normalmente ya no son con esa prisa…

T: Pero en estos dos meses no pasa…

C: Sí que pasa, porque yo creo que eso ya se ha hecho como un hábito.

T: Ya…

C: Ya hay algo aquí, un agujerito por el cual, alguna cosita que no has hecho se queda aquí colgada y siempre sale a las tantas de la madrugada, pero no me pasa tan a menudo en estos meses.

T: Ya, es decir que, de alguna manera lo podemos relacionar con la actividad que haces de día, si haces más cosas y, como decías tú, si dejas más cosas a medio hacer, es más probable que te pase.

C: Sí.

T:  Es decir, que los días que apenas no tienes trabajo, ¿aquella noche duermes mejor?

C: Es que, esos días no existen, días en que no haya apenas trabajo, no hay.

T: Vale.

C: Es diferente tipo de trabajo. Trabajo, siempre hay. Porque cuando no hay atención al público, porque no es verano, o no hay nieve, o no vienen puentes, están las empresas que te piden por teléfono porque tienen ferias, y es tanto o más estresante. Lo que pasa es que, en ese tipo de relación, el meter la pata o decir que no te has acordado de eso o de lo otro no te sabe tan mal cuando es un particular que viene a buscar unas vacaciones.

T:  Ya.

C: Una empresa siempre puede asumir pagar 20 euros más por una noche de hotel.

T: ¿Y por qué en un particular es diferente?

C: Porque la mayoría vienen buscando acoplarse a un presupuesto, y en función de ese presupuesto se van más días de vacaciones o menos, o a un lugar mejor o a un lugar peor. A ti no te dicen: mira, es que he visto este hotelito. No. Piden que sea Dios. Dicen: proponme, dime, y tú, claro, lo que dices es: “¿Cuanto quieres gastarte?”. No voy a proponerle un hotel de 300 euros la noche por persona.

T:  Lo que me gustaría saber es qué es lo que hace de especial, para ti, el hecho de que sea un particular y no una empresa. Porque, desde esta posición que dices, de ser Dios, ¿qué es lo que tiene de particular?

C: Normalmente hay más complicidad con una persona que tienes delante. Aunque hay personas que tienes  delante, y por los símbolos que llevan –igual te equivocas- piensas “mira, va vestido con marcas, lleva un reloj que vale medio millón…, pues que no me llore”. Pero la mayoría de la gente no es así.

T: Y entonces, con la mayoría de la gente, ¿qué complicidad tienes?

C: Pues procurar sacar partido a ese dinero que quieren gastarse en las vacaciones buscándoles el más apropiado para lo que quieren, si es montaña, o playa, o si no les importa el tipo de hotel y así pueden alargar más las vacaciones, o el que dice: “mira: yo solo tengo 400 euros, me da igual si me voy dos noches, pero quiero un buen lugar”. No sé, todas esas cosas. Y a la mejor, elegirlo tú para que después no vengan a decirte: “a que lugar me has enviado!”, porque, claro, el gusto de cada uno es el gusto de cada uno; pero bueno… Hay cosas que, por acumulación se quedan en el tintero y después tú piensas que, efectivamente, yo no he informado al cliente que esto estaba muy bien pero eso estaba aquí.

T:  Bueno, qué significa para ti eso que dices: “Yo le he informado al cliente pero eso estaba allí?”

C: Un peso

T: Un peso, ¿de qué, exactamente?

C: Un peso de preocupación. Porque normalmente no pasa nada. Sin embargo, si yo no he dado el 100% de la información que debo dar respeto de lo que sea. Si se me ha olvidado un detalle y de aquí surge un problema, ellos dicen: “la chica de la agencia no me lo ha dicho”.

T:  Y si la chica de la agencia no me lo ha dicho, ¿entonces, tú qué haces con eso?

C: Me lo como

T: Ya. Y comértelo qué significa.

C: Pasarlo mal. Porque me vendrá una reclamación, me gritarán de dirección, en fin, cosas de ese tipo, y después porque, en parte también piensas que le has jodido las vacaciones por una tontería… o no. Porque a veces es una persona que solo entra por la puerta y yo ya sabía que, fuera donde fuera, iba a joder algo, porque van buscando guerra.

T: Pero si es una persona de estas, entonces no es problema.

C: No, porque desde un principio lo tienes claro, que va buscando bronca.

T: Y si no es de las que van buscando bronca?

C: Hombre, intentas solucionarlo lo mejor que puedes…

T: Sí. Pero una vez te has percatado que ha habido una información que no le habías dicho, ¿qué es lo que significa para ti el hecho de que esta persona te esté reclamando?

C: Un mal rollo, un malestar, una mala sensación.

T: ¿Por qué esta mala sensación?

C: Porque ha habido un error, y por culpa de ese error, esa persona no está gozando al 100% de sus vacaciones. Porque me vendrá una reclamación…, que la empresa lo mira mucho, que no haya reclamaciones…, todas esas cosas.

T: Bien. Tú, en el momento que estás hablando con el cliente, ¿eres consciente que faltaba algo, o es a posteriori?

C: En el momento que hablo con el cliente no me percato, porque si no se lo diría. Quizá  me percato cuando el cliente ya está de vacaciones y, por lo que sea, lo relaciono con algo y “pum”. Y digo: “ostras”. O ya no es eso, es la duda de pensar si se lo habré dicho.

T: Es decir, que hay dos cosas: una es el hecho de estar segura de no habérselo dicho, y otra cosa es la duda si se lo has dicho o no.

C: Por ejemplo.

T: Muy bien. Bueno, vamos a empezar con esta duda de no habérselo dicho. Después iremos a por el otro. Como es esta duda de no haberle dicho algo a un cliente? Cuando estás dudando si se lo has dicho o no, qué es lo que piensas, ¿qué es lo que sientes?

C: Me sale la duda por una palabra o algo que veo, y me viene a la mente ese cliente, y pienso: “¿a este yo le he informado de eso?”. Por ejemplo, que debe pasar primero por el mostrador para ir a recoger los billetes del avión, ¿o no se lo he dicho y va por la terminal del aeropuerto buscando como un loco y no sabe donde ir?

T: ¿Eso es lo que tu te imaginas?

C: Por ejemplo.

T: Es decir, que una de las cosas que tú te estás imaginando es que el hecho de no haberle dicho eso que debía pasar por un cierto lugar hará que el cliente esté por allí como un loco sin hacer lo que debe hacer.

C: Por ejemplo.

T: Muy bien. Cuando tú te imaginas todo eso, ¿cómo te sientes?

C: Angustiada.

T: ¿Qué es lo que te hace angustiarte?

C: Pensar que esa persona puede perder el avión o lo que sea por no haberle dicho ese detalle…

T: O sea, que, entonces, añades más cosas a posteriori.

C: No, depende del tipo de información que no haya dado.

T: Lo digo porque claro, fíjate, en eso que estás diciendo, fíjate que tú estás añadiendo cosas que no necesariamente deben estar allí, y que están repercutiendo en como te sientes tú. Además, en este caso: ¿lo piensas una única vez o reiteradamente?

C: Si estoy trabajando, no lo pienso mucho. Busco el teléfono del cliente y le pregunto si se la había dicho. Eso me pasa cuando estoy fuera del trabajo y estoy en mi casa, y no tiene nada que ver ya. ¿Y por qué me tiene que  venir a mí a la cabeza el trabajo?

T: Te lo preguntaba por si el hecho de haberlo pensado en el trabajo hacía que lo continuaras pensando fuera del trabajo.

C: No. Es que son cosas aisladas. No siempre es lo mismo. Son pequeños detalles que quizá se me olvidan y estás dándole al coco un mes entero pensando: “ostras, como no la he hecho y no tiene solución, si pasa algo…”.

T: Este es un ejemplo de lo que te decía de pensamiento reiterativo. Porque si es el caso que dices: “no sé si le he dicho eso a mi cliente”. Si tú llamas al móvil, aquí ya paras y no te lo llevas a casa.

C: O, aunque me lo haya llevado, automáticamente le telefoneo y me lo quito de encima. Cuando no encuentro una solución inmediata es cuando me preocupa.

T: Es decir, que, cuando no encuentras una solución inmediata ¿es cuando te los llevas en casa?

C: No sé. Es que no sé por qué me los llevo a casa. Yo no me los llevo, se vienen conmigo.

T: Yo tengo una hipótesis. La hipótesis es: si son cosas que tú puedes solucionar en el trabajo, entonces no lo piensas después en casa.

C: Lo que pasa es que, cuando hacen la reserva, dicen: “¿ya me puedo ir?” y se van. Y a mí aún me quedan 10 minutos de trabajo. Si les dijera que no se fueran el 80 por ciento de los casos no pasarían, pero como está el de detrás esperando…

T: ¿Y que problema plantea hacer eso?

C: Que la gente tiene mucha prisa siempre y te dicen que tienen prisa. Y los que están esperando no esperan mirando un catálogo. Están detrás del otro a ver si se levanta. Y encima, que tenemos marcadas unas producciones mensuales que sabes que si te descuidas, no llegas. Pero eso también es muy relativo. Porque la compañera que tengo como responsable de la  oficina le da igual 20 que 30 que 40. “Espérese un momento y le daré el aviso”. Y se tira 15, 20 minutos, los que hagan falta sin que nadie la moleste, haciendo la que haga falta.

T: Si tú fueras capaz de hacerlo, ¿te ayudaría de alguna manera?

C: Soy incapaz de hacerlo.

T: Si pudieras hacerlo, deberíamos valorar dos implicaciones. ¿Tú crees que eso te ayudaría a no llevarte los problemas a casa?

C: Podría ser.

T: Como mínimo, en alguna medida.

C: Sí, claro, porque tendría muchos menos errores, porque serían todos corregibles. Si tú te tomas un tiempo cada vez que cambias de cliente, un tiempo razonable para acabar de hacerle el seguro, comprobar que están bien los apellidos, las fechas, y no lo haces corriendo, cuando vas a dar la documentación te das cuenta que has hecho dos errores cuando le has escrito el apellido, que has escrito el mes 8 y era el 9. Así, ¿no?

T: Es decir, que por ahí sí que mejoraría.

C:

T: ¿Y después? Por el otro lado de la productividad. ¿De qué modo repercutiría en tu productividad el hecho de hacer esperar a la gente?

C: Entiendo que negativamente de cara a la oficina, primero porque la gente, eso de esperar lo lleva muy mal, y segundo, porque si nosotros estamos aquí, al lado está Viajes Marsans y al girar Viajes Barceló. Y hay gente que ya te conoce y te busca. Pero la mayoría, no. La mayoría se sienta  delante, te pide una cosa, y si lo que tú le propones le va bien, dicen que se lo piensan, se van al lado y miran. Entonces, si tú tienes una persona allí un cuarto de hora esperando que acabe una persona y cuando se va tú le dices que continúe esperando, y le tienes 10 minutos más, yo lo he comprobado. La gente se levanta y se va. Y cuando se acabe el mes yo no llegaré a mi productividad. No a la mía, en general la oficina no llegará a su productividad. Y después vienen las preguntas: “A ver, que ha pasado aquí’”.

T: Lo decía porque la jefa de la oficina sí que hace eso…

C: Bien, pero hace eso y más cosas. Quiero decir, ella tiene una mentalidad que está muy bien. Ella es hija de funcionarios y lo tiene muy mamadito. Viene 10 minutos o un cuarto de hora tarde todos los días. Es la primera al irse y la última al venir. A las 8.30, cuando ha acabado con el último cliente apaga el ordenador y dice “bye, bye”.

T: ¿Y ella no tiene problemas de productividad?

C: No le preocupan. Está de jefa de oficina porque nadie lo ha querido. Y como le pagan lo que le pagan, ella lo hace bien. El que no lo hace bien es el director, que la ha contratado como jefe de oficina, porque no controla lo que hace su jefe de oficina. A mí me parece razonable que haga 8 horas al día, pero en todos los trabajos se hace un pico más. Yo he trabajado con mucha gente, que sabe que si tiene un trabajo delante lo debe acabar. ¿Ella es feliz así y puede seguir adelante? Yo no.

T: Lo que te quiero decir es que tú dices que hay un tema de productividad. Si no llegas, puedes tener problemas.

C: Me pueden tirar a la calle, mira lo que te digo.

T:  Y a ella, no.

C: ¿A ella? También, pero no le preocupa que la tiren a la calle, tal vez. No lo sé.

T: Lo que te decía es que si ella lo estaba haciendo, no entendía por qué tú no lo estabas haciendo. La idea que tenía era si era por miedo o por alguna otra razón.

C: No

T: Bien. Entonces, continuamos. ¿Puedes pensar en algo en concreto de cuando estás en casa y te ha venido a la cabeza?

C: Si.

T: ¿Me lo puedes explicar?

C: Unos clientes con los que estuve más de dos horas, y cuando les había sacado muchos presupuestos me dijeron que me telefonearían. Llevan algunos años viniendo a contratar. Me telefonearon y me dijeron el hotel que querían y las fechas, y se me olvidó preguntarles si querían un seguro de cancelación, que hoy día siempre se ofrece. La clienta me telefoneó a los quince días y me preguntó si le había hecho el seguro. Yo le respondí que no me acordaba, y me dijo que como la suegra estaba muy mal, lo necesitaba. Claro, como me dijo que la suegra estaba tan mal, pensé que las posibilidades de que pasara algo eran altas.  Revisé el expediente y no había nada, y no pude hacer nada.

T:  Y eso es una cosa que te viene.

C: Sí, cuando ha pasado, me viene de vez en cuando. Y pienso que si pasa algo me lo deberé comer, intentaré lo que sea, incluso dejará de ser clienta, pero…

T: Si cambiaras eso, te encontrarías mejor. Continuando con eso. Por ejemplo, una de las veces que lo pensaste, ¿como te sientes específicamente?

C: Muy agobiada.

T: ¿Por qué?

C: Porque tengo estrés.

T: Tienes alguna imagen cuando piensas en esta mujer.

C: Tengo la imagen de los clientes.

T:  ¿Haciendo qué?

C: Me venía más a la cabeza intentar solucionarlo que otra cosa. Veo solo a los clientes recriminándome.

T: Y cuando los clientes te recriminan, ¿tú como te sientes?

C: Mal

T:  ¿De qué modo mal?

C: Mal porque no he hecho bien las cosas. Es que llega un momento en que las cosas te superan, porque es una gotita que va cayendo, que va cayendo, pero cuando el vaso se llena de agua, ya no puede aguantar más agua.

T: Bien. ¿Qué es lo que te gusta de tu trabajo?

C: Me gusta todo, el que esté delante de ti gente que está ilusionada porque se quiere ir a algún lugar, es bonito, es agradable.

T:  ¿Qué más?

C: Me gusta el trabajo, los temas que trato…

T: ¿Y qué específicamente?

C: Me gusta explicar los destinos.

T:  ¿Por qué?

C: No sé, porque los vivo. Es una forma de estar viajando al mismo tiempo.

T: ¿Qué más te gusta?

C: Que la gente vuelva contenta y entre y te diga que se lo ha pasado muy bien. En ese momento te gratifica que la persona a quien tú has aconsejado venga y te lo diga

T: ¿Por qué es importante para ti esta gratificación?

C: Porque es una forma de pensar que lo que estoy haciendo lo estoy haciendo bien.

T: ¿Por qué es importante para ti hacerlo bien?

C: Porque me lo han enseñado así de pequeña.

T: ¿Y qué perderías si no lo hicieras bien?

C: Me imagino que si me equivocara, seguramente perdería todos los clientes del barrio.

T: Si, pero quiero decir en tus valores.

C: ¿En mis valores? Perdería… Me sentiría mal porque pensaría que no valgo para eso.

T: ¿Y qué es lo que valoras tú de estar en la agencia de viajes? De tu capacidad…

C: Yo veo que a la gente le transmito la sensación de los lugares que explico.

T: ¿Y eso por qué es importante para ti?

C: Porque es lo que me gustaría encontrar cuando voy a una agencia. Pienso que si quiero  un lugar donde hay algo que no sé o que no entiendo, me gustaría  que me explicaran las cosas para que las entendiera, y que lo que me estén contando me convenza.

T: Pero eso ¿de que forma parte en tu vida?, ¿qué valor hay aquí? De otro modo: si no hicieras eso, si no explicaras las cosas así y no tuvieras la gratificación, ¿qué es lo que perderías?

C: Me imagino que nada.

T: Sí.  Hay algo importante ahí.  Hay algún valor…

C: No sé cuál puede ser.

T: Pero entiendes lo que te pregunto…

C: Sí, pero no sé cuál debe ser…

T: Una de las cosas porque te gusta tu trabajo es porque vives los destinos. ¿Qué tiene de importante para ti vivir los destinos?

C: Que si no lo vives, después no lo explicas, y si no lo explicas, el cliente puede coger un libro y leerlo.

T: ¿Y si no lo explicas?

C: No pasaría nada, sería un libro.

T: Sí, pero qué es lo que dejarías de sentir.

C: Sentimientos que le pones tú cuando lo explicas.

T: Y estos sentimientos que le pones tú, ¿de que forman parte?

C: Forman parte de mí, de mi vida. Es que no me he parado a pensarlo nunca.

T: Por eso te lo pregunto ahora. Mira, te explico una cosa: resulta interesante que en este trabajo hay mil cosas que te mueven. Lo que pienso es que tú aproveches las cosas que te mueven en este trabajo para que puedas empezar a hacer las cosas de una manera diferente. Pero necesitamos identificar claramente qué es eso. ¿Qué es lo que significa para ti hacer bien tu trabajo?

C: No significa más ni menos que una cosa normal en mi vida. Es decir, que normalmente, cuando hago algo, procuro hacerlo bien.

T: ¿Qué importancia tiene para ti hacer las cosas bien?

C: Tiene mucha importancia.

T: ¿Cuanta?

C: Mucha.

T: Si no lo hicieras bien, ¿como te sentirías?

C: Mal. Si para mí lo más importante es hacerlo bien, si no lo hago bien, ¿dónde está lo más importante?

T: Ya. ¿Y tú como sabes cuando haces las cosas bien o mal?

C: Porque lo sé, porque me la han enseñado o porque lo comparo con algo. No es la mismo una flor bien hecha o mal hecha, ni una cama bien hecha o una cama con las sábanas estiradas. Yo entro en un lugar donde las cosas están ordenadas, y tengo una sensación, y cuando están desordenadas tengo otra.

T: Cuando están ordenadas, ¿cuál es la sensación? Y cuando están ordenadas, ¿cuál es la sensación?

C: La sensación de control y que las cosas están donde deben estar porque alguien sabe hacer las cosas y las hace. Y en el otro caso, alguien no hace las cosas. No sé si las sabe hacer, pero por supuesto, no las hace. O las hace muy mal.

T: Tú fíjate en lo que acabas de decir. En el ejemplo que pones de hacer la cama, en los momentos que tú tienes más pensamientos de recordar, ¿a que se parece más, en la habitación ordenada o a la desordenada?

C: A la desordenada.

T: Podríamos decir que, en ese momento, las cosas no las estás controlando, como has dicho antes.

C: Claro. Si estuvieran controladas, eso no hubiere pasado.

T: Ahora, vamos a empezar a hacer alguna prueba de cambio. Tú fíjate. Dices: cuando la habitación está ordenada es como si tuvieras el control, alguien tiene el control, y hace las cosas. Tú, cuando te vas a casa y sueles tener estos tipo de pensamientos, ¿tienes esta sensación de controlar las cosas?

C: Si tengo alguna sensación es de desorden y de caos total.

T: Muy bien. Tú, cuando estás ante un cliente y te estás emocionando explicándole los destinos, ¿qué pasaría si tu propósito fuera de estar controlando la situación y de estar ordenando la situación? ¿Como cambiaría el hecho de pensar eso tu posición en el trabajo, tu postura, tu predisposición?

C: Imagino que se podría… Igual daría que no hubiese descuidos, porque si piensas en hacer las cosas ordenadamente, es más difícil que hayan hilitos que si lo haces desordenadamente.

T: ¿De qué modo eso te ayudaría a crear bienestar dentro y fuera del trabajo?

C: Si yo consiguiera atender así y estar bien conmigo misma y no sufrir por el que está detrás, u olvidarme del que está en el otro cuarto. O sea, cuando acabamos con este pasaremos al siguiente… Si pudiera hacer eso, cuando me fuera a mi casa estaría menos cansada, porque habría recorrido menos metros –no sé como decirlo– y al mismo tiempo diría que he atendido cuatro, pero cuatro bien, y no 24 de los cuales pienso que en alguna me haya colado.

T: Por lo tanto, suponiendo que todo eso sea cierto, cuando acabases el trabajo, estarías menos cansada.

C: Sí.

T: Eso ¿como repercutiría en el objetivo  que planteabas al principio?

C: Sí que he notado que si me voy dos días de vacaciones, me levanto muy relajada, y por eso entiendo que si no hay cosas que me estén bombardeando la cabeza, pues podré descansar mucho más.

T: Vamos a hacer una pequeña prueba, porque tú sabes que el lenguaje a veces afecta a la manera de procesar que tenemos. Tú has dicho que te llevas cosas. Si en lugar de decir que te llevas cosas pensaras que recuerdas cosas ¿de qué modo sería diferente el sentir las cosas que recuerdas?

C: No sé.

T: Vuelve a pensar “me llevé cosas”, y ahora piensa “recordé cosas”.
C: Hombre, es diferente.

T: ¿Por qué?

C: Porque llevártelo es un peso y recordar, no.

T: Por lo tanto, aquí ya puedes hacer un cambio interesante, puedes recordar las cosas sin llevártelas.

C: Sí.

T: Si tú tuvieras una sensación cada vez que perdieras la sensación de perder el control de lo que haces. Si tuvieras una sensación de decir: “aquí hay una cosa que necesito recuperar”,  entonces te pusieras a recuperar el control, ¿qué te parecería?

C: Interesante.

T: ¿Por qué? ¿Qué representaría para ti?

C: Tranquilidad.

T: ¿Por qué?

C: Porque si yo lo puedo dejar todo ordenadito como toca, después no vendrán los malos rollos.

T: ¿Podríamos decir entonces que ordenar y colocar es una dirección importante en tu vida?

C: No, porque es una expresión que, después, si vas a mi casa, ni soy ordenada ni lo tengo todo colocado.

T: Pero fíjate que, el hecho de que no lo hagas, no quiere decir que no sea importante.

C: Es importante, sí. Yo tengo claro que como están bien las cosas es así. Otra cosa es que lo haga o que me apetezca hacerlo, cuando es para mí. Pero cuando no es para mí, sí que procuro que sea así.

T: Para ti, el orden y que las cosas estén colocadas es importante. El problema que puedes tener es que no lo haces operativo adecuadamente, es decir, para ti el bienestar es muy importante, pero no sabes como hacerlo operativo. ¿Correcto? Pero eso no quiere decir que el bienestar no sea importante para ti. Si aprendes a hacer operativo este orden, ¿eso que significa para ti, especialmente en tu trabajo?

C: Estaría muy bien. No tendría sobresaltos. Estaría mucho mejor.

T: Eso lo podrías hacer extensible a tu vida personal.

C: Sí, porque no son valores exclusivos del trabajo.

T: Antes me has dicho, cuando me hablabas de las camas, una bien hecha y el otro no, que hay alguien que controla y que el otro solo hace.

C: Lo que quiero decir es que si entras en una habitación y ves una cama estirada y la otra, bien hecha, no te da la misma sensación. No te la da.

T: Yo lo que te propongo es, precisamente crear esta conexión que tú seas la que colocas y ordenas tu vida. Si tú llegas a integrar eso, que tú eres la que coloca y ordena tu vida, no solo en el trabajo sino en general, eso ¿qué significa para ti ser capaz de hacer eso? En el ejemplo de la cama, sospecho que prestas más atención a la cama bien hecha que a la sensación que la cama te da, que no, hablando técnicamente, el agente que hace la cama.

C: Sí.

T: Tú fíjate. Si en lugar de llevar la atención al hecho de que la cama te da una buena sensación, tú eres la agente que hace la cama y tú tienes una buena sensación porque tú has ordenado la cama, ¿como es de diferente?

C: Es diferente.

T: ¿De qué modo?

C: Yo no quiero ser la que ordeno. Yo, cuando veo dos habitaciones, una ordenada y la otra no, no me importa quien la haya ordenado.

T: Sí, pero fíjate que yo te estoy proponiendo que tú puedes hacer tu cama y sentirte bien por haberlo hecho, pero el énfasis lo pones más en la cama hecha que en que tú has hecho la cama.

C: Sí.

T: Si tú planteas que es importante ordenar el mundo y te haces consciente de eso; si tú te sientes bien por ordenar tu mundo, ¿eso qué significa para ti?

C: La perfección.

T: ¿Qué tiene de especial, la perfección? ¿Es una cosa que buscas?

C: Me relaja más, me tranquiliza. Esto que estamos hablado me está rayando mucho, porque yo no soy perfeccionista, soy bastante cantamañanas.

T. Buscamos y te propongo hacer operativo este valor tuyo que es ordenar porque, como yo te he preguntado antes, y estás pensando al ordenar en el trabajo, además de gozar con las destinaciones, etc. etc. Además, estamos añadiendo este asunto de ordenarte. Yo creo que si incluyes eso, resultará que podrás trabajar mucho mejor. Porque fíjate: una cosa que has dicho reiteradamente, es que, cuando hay mucha historia, la situación te supera. Pero si tú eres la que estás ordenando, dudo mucho que la situación te supere. Y es por eso que estoy insistiendo en todo eso.  Para ti ordenar tiene mucho significado. Es un valor que te activa mucho. No debemos crear un valor nuevo sino que podemos coger este mismo valor porque entonces tú, cuando lo activas ante las situaciones, te notarás de una manera diferente. Por lo tanto, la historia es que si tú, cuando estás trabajando estás ordenando tu trabajo, estás ordenando las ideas, estás organizando el trabajo con tus clientes, si tú lo ves todo con este criterio, ¿qué diferencia hay?

C: Relajación.

T: Aquí está el tema. Y aquí estaría el asunto que los próximos días, cuando estés trabajando, aunque necesitaríamos una llave de alarma para que la pudieras activar cuando vieras que te falta algo. ¿Como podemos hacer eso?

Mira, vamos a hacer lo que se denomina la línea del tiempo. Te pones de pie, te imaginas que llegas el lunes al trabajo, y antes de llegar al trabajo empiezas a pensar, lo que quiero es ordenar todo esto para estar tranquila, etc. ¿De acuerdo? Ahora imagínate que estás en el trabajo y estás pensando en organizar, en ordenar todo aquello. Sobretodo, ordenarte a ti misma, y piensas como es de ‘importante organizarte, ordenarte, etc. Ahora da un paso adelante, e imagínate por un momento que pierdes esta dirección de ordenar. Nota qué es lo que te falta. Nota que, en comparación con aquí detrás, hay algo que te falta, y delante la situación de aquí detrás, si tú investigas qué te falta, ¿qué encontrarías que te falta?

C: La decisión de ordenar.

T: Y entonces, ¿qué harías?

C: Pararía y diría: “no, vamos a empezar a hacerlo ordenadamente”.

T: Entonces, da otro paso y decides pararte un momento y hacerlo ordenadamente. ¿Qué ganas haciéndolo así?

C: Pienso que todo irá bien. No habrá caos, todo irá bien.

T: ¿De que te alejas?

C: Del caos.

T: ¿Hacia donde te acercas?

C: Al orden

T: Y si tú prestas atención al hecho de que tú eres la que estás ordenando. Si te haces consciente que tú estás creando este orden, ¿como es de diferente?

C: ¿Es diferente?

T: Sí.

C: Sí.

T: ¿Te sientes más capacitada? ¿Te sientes habilitada?

C: Siento que manipulo yo.

T: Si sientes que manipulas tú, eso ¿en que te puede ayudar?

C: A ser yo misma.

T: Y el hecho de ser tú misma, ¿qué representa?

C: Que tengo confianza en mí misma.

T: Cuando vives situaciones caóticas, ¿tienes confianza en tú misma?

C: Sí.

T: Y a medida que vas trabajando esta confianza y vas ordenando, cuando acabas de trabajar al final del día, qué pasa.

C: Está todo colocado y arreglado, y allí se queda.

T: Por lo tanto, la sensación de peso la dejamos detrás. Por lo tanto, si detrás hay peso, ¿qué hay delante?

C: Ligereza.

T: De lo que se trata es que hagas unas cuantas veces al día eso. Si lo puedes hacer diez o veinte veces, aunque no sea con la línea del tiempo, fenomenal, porque lo que tú estás haciendo es aprender a activar conscientemente la importancia del orden y como hacer operativo este orden en tu vida, ¿sabes? Porque yo he observado reiteradamente, como te decía, que llega un momento en que tú, cuando pones el caos, todo te supera, te desborda. Y estás creando un bucle de retroalimentación que, cuanto más te supera, más estresada te sientes, con lo cual no prestas tanta atención a las cosas que necesitas. Por eso lo que es importante es  que lo hagas muchas veces porque eso lo interiorizarás. El peligro que hay es que, en el trabajo, te dejas ir por la inercia, pero si lo activas bastantes veces antes de llegar a trabajar el lunes, verás la potencia que tiene activar el ordenar. Supongo que te has hecho consciente de eso.

C: Sí.

T: Y lo que vamos a hacer es utilizar esta capacidad que tú ya tienes en una cosa que no habías hecho operativa, y con eso, cuando acabas de trabajar estarás más descansada, podrás dormir mejor. Pero debes hacerlo durante una semana, yo te diría que 30 veces al día. Eso sí, activando. No se trata simplemente de pensar sino de notarlo. Deberíamos quedar para otra sesión de revisión porque deberíamos comprobar como ha ido todo.

Esta sesión se llevó a cabo  en el verano de 2006.

TESTIMONIO

“Realicé la sesión de counselling por encontrarme con un importante cuadro de ansiedad por motivos laborales, que finalmente englobaron toda mi vida. Transcurridos 2 años de aquella sesión, puedo contar que duermo plácidamente de un tirón, desconecto de mi trabajo tan pronto me lo propongo y sobre todo tengo claro que mi salud esta por encima de cualquier cosa”.

Carmen Llàcer, clienta de la trascripción.